

En las actividades que a continuación se detallan se recoge el impulso de la Fundación al servicio de la creación de una nueva estructura social contemporánea desarrollada mediante la relación del YO con los sentidos y los órganos del alma.Los tiempos actuales nos indican que hace ya tiempo que la humanidad ha cruzado, en la mayoría de sus individuos, el umbral del mundo espiritual. Y lo ha hecho de forma no consciente. En este lado del umbral se vive, por lo general, un desmedido afán del desarrollo del yo personal con un incremento, en el último siglo sobre todo, de las fuerzas del egoísmo. Sin embargo, a pesar de ello, con esas fuerzas se cruza el umbral de forma inconsciente, lo que da como resultado catástrofes naturales y humanas de toda índole al no tener las capacidades ni la fuerza necesaria para poder actuar conscientemente, en la vida ordinaria, desde el otro lado del umbral.Por ejemplo, desconocemos el origen del yo humano, que fue creado acaparando el calor que hasta entonces se compartía con el mundo y, al hacerlo de este modo, originando un calor incrementado y cerrado en sí mismo, la naturaleza engendró el fuego. Se perdió la relación de simultaneidad entre el hombre y la naturaleza, entre un yo y otro yo, y entre el yo y los dioses. En definitiva, se perdió lo “social”, o mejor dicho, lo que en aquel tiempo existía como social: la comunidad del alma grupo. Y en la actualidad, el fortísimo incremento del egoísmo, y, por tanto, del calor humano pasional, está directamente relacionado con la proliferación de los fuegos en la naturaleza, relación que la humanidad en general desconoce, siendo los pirómanos, por ejemplo, artífices inconscientes de los problemas derivados de nuestra falta de conciencia. Lo mismo podríamos decir de las catástrofes del agua o de la tierra.
Por eso, hoy en día es necesario recuperar, a través del YO, la simultaneidad con la naturaleza, sabiendo que el incremento del egoísmo en el pensar, en el sentir y en la voluntad acarrea catástrofes de fuego (incendios forestales), de aire (huracanes), de agua (maremotos) y de tierra (terremotos y tsunamis).
Recuperar la relación entre el interior y el exterior es una prioridad de nuestros tiempos, en los que vivimos divididos entre nuestros subconsciente, que ha traspasado el umbral, y nuestra parte consciente, que se ha quedado a este lado, incrementando el acaparamiento del calor natural en los tres niveles del alma egoica: pensar egocéntrico, sentir compulsivo y voluntad de dominio.
Pero las catástrofes también se derivan del modo en que hemos estructurado el ámbito de lo personal, desvitalizando las relaciones entre un yo y otro yo con la creación de una cultura abstracta, con unas relaciones jurídicas interpersonales no originadas en el amor y con una economía no basada en el YO espiritual. Da igual el segmento que enfoquemos: la vida familiar, las relaciones de pareja o las relaciones sociales en general; la empresa, los empleados de la misma, los proveedores y los clientes; las relaciones entre los estados; los médicos, las enfermeras y los pacientes; los agricultores y la Tierra, y la distribución y consumo de sus productos; etc., lo cierto es que hoy prima casi en exclusividad el interés propio, que sólo cede ante la imposición de otra persona más poderosa que nosotros y con quien, sin embargo, nos une una relación espiritual que somos incapaces de observar.
No tenemos la visión simultánea de los yoes; no vemos que la ganancia en mí es pérdida en el otro, que el dolor de hoy tiene que ver con la felicidad de ayer, que el que unos países se enriquezcan es simultáneo a que otros países se empobrezcan y que, por lo tanto, a través de mi yo en comunión con el otro yo, pérdida y ganancia se pueden equilibrar si llevamos la atención al intercambio.
Ésta es esencialmente la razón por la cual la Fundación Círculo de Arte Social ofrece, entre sus actividades, una capacitación que permita, en el ámbito profesional o personal, establecer relaciones correctas de intercambio a partir de la fuerza de la atención en los sentidos y alcanzar la transformación de los sentidos del cuerpo en sentidos del alma y del espíritu, y, con ello, contribuir al paso consciente del umbral sabiendo que lo social es el único suelo firme en el otro lado de la orilla.