
Etimológicamente, la paciencia en hebreo es hésedh, que significa benignidad, la buena disposición para ayudar, sobre todo en relación con la alianza establecida con Yahvé en el Sinaí. Cuando Yahvé se conmueve por la miseria de su pueblo o del individuo, se deja vencer por la compasión, que se expresa en una paciente ayuda concreta.
Paciencia proviene del latín patis, padecer, y tiene la misma raíz que la palabra griega pathos, que significa dolor (patología); y, por otro lado, paciente no solamente es el que sabe esperar, sino el que padece una enfermedad. La paciencia es la virtud correspondiente al signo de Escorpio-Águila. Rudolf Steiner relaciona la aparición del sentido de Escorpio con la cualidad de la paciencia, cuyo trabajo fundamental es la transformación de las fuerzas vitales a partir de la metamorfosis del elemento desiderativo. El pathos se manifiesta como dolor íntimamente ligado a la impaciencia. Pero el ser paciente comprende la atenta escucha de la situación de padecimiento, con lo que el sentido del oído, - que aparece al mismo tiempo que comienza la constelación de Águila-Escorpio su actuación en la formación de la figura humana - se forma al mismo tiempo que la génesis de los órganos sexuales. El oído es un órgano en el cual la voluntad del Yo vive más libremente, por ejemplo, que en el ojo. Es, en realidad, una organización a medias; el organismo del alma del escuchante es la otra mitad, que se expresa en la garganta; y en la relación entre el escuchar y el hablar hay mayor independencia y creatividad del Yo que en el ver cuando crea el color complementario. El oído no está cerrado; así, la voluntad es más libre que en el ojo. Las fuerzas de voluntad del Yo en el oído son más fuertes. El oído puede oír más profundamente que lo que el ojo puede ver. El oír y el escuchar suponen la aceptación de un proceso y la participación en él sin ejercer violencia. Suponen saber esperar; saber esperar conscientemente. A través de esta espera atenta se puede valorar y comprender el factor correcto del tiempo y la necesidad de actuar de un modo preciso ante las personas y las situaciones. Surge a través de una observación desapasionada de los acontecimientos y está íntimamente relacionado con el respeto. Consiste en encontrar el momento exacto para cada acción y que ésta sea eficaz. Permite hablar correctamente e imprime libertad a la acción, porque esta espera atenta genera un calor nuevo. Un nuevo calor hipofisario, un calor espiritual que permite ver todo lo que sucede en su totalidad: cómo las cosas cambian, se mueven y fluyen. Lo que hoy parece terrible puede parecer bueno mañana o el mes que viene o el año próximo. Aquello que exigíamos tan urgentemente y necesitábamos hace un año, hoy carece de importancia. Con esta actitud transformamos las expectativas que provienen de la impaciencia del elemento desiderativo, pues si las cosas no ocurren exactamente como esperábamos lo consideramos todo como parte de la vida, del flujo y reflujo que manifiesta la existencia.
“La existencia consume el ser”, es lo que dice el primer verso de las armonías zodiacales sobre Escorpio, es lo que dice el Sol sobre Escorpio. Venus responde que “en
el ser persiste la existencia”. “La acción consume el devenir” -dice Mercurio- y Marte añade: “pero en el devenir persevera la acción”.
Todo tiene su momento. La paciencia es saber esperar conscientemente el momento, con madurez, con calma y con ánimo sereno. Tiene que ver con la calma, con la serenidad.
Así que vemos que la paciencia creadora de atención, de escucha atenta, produce un calor hacedor de un tiempo nuevo y diferente que desconozco desde la condición de la impaciencia. Es un tiempo atento, calmo y sereno. La paciencia genera serenidad, virtud del signo de Libra, que se transforma en el entendimiento profundo de las cosas. Esa calma interior me lleva al silencio, virtud del signo de Acuario, que nos permite la discreción y la meditación. El silencio en el que la totalidad del hombre contempla en su devenir cualquier pensamiento, sentido, sensación, acción, etc. El sagrado silencio, esencia del Dios Padre antes de que el Verbo se pronuncie. Ese silencio de Acuario que conforma el sentido de la vida, y a través del cual actúa el Hombre Espíritu, propicia un equilibrio silencioso entre el águila, el toro y el león. Y por eso, la paciencia, el saber esperar, da la posibilidad de la transformación de Escorpio en águila, porque las mismas fuerzas vitales purificadas del deseo constituyen la base del pensamiento y sobre todo la base para poder percibir el pensamiento de otros. Escuchar un pensamiento cuando se manifiesta en el interior de mi mente, y escuchar el pensamiento de otro cuando lo percibo, supone la actitud y la cualidad de la perseverancia en relación con la paciencia, cualidad fundamental del signo de Géminis. La paciencia incluye el ser perseverante. La perseverancia se crea desde el calor nuevo que la atenta escucha propicia y que permite la madurez. Esperar a que el fruto esté maduro es una advertencia y un consejo que aparece de forma reiterada en distintos libros de la ciencia espiritual, como por ejemplo en Cómo se adquiere… o en El mundo de los sentidos y el mundo del espíritu, en los que la condición básica de la formación del juicio es la de esperar a que él venga a mi, dejar que las cosas me hablen y no adelantarme; y no presuponerlas en forma de hipótesis o de representaciones previas. Y desde la perseverancia puedo conducir certeramente mi pensar, y, por lo tanto, tener sentido de la verdad. Experiencia de Géminis. Todo ello es la base del goetheanismo.
Los chicos entre los 14 y 21 años tienen que aprender la virtud de la paciencia, justamente cuando su cuerpo astral está fuertemente impregnado del elemento desiderativo; saber esperar a que las cosas estén maduras justamente a través del aprendizaje científico. Cualidad que pueden desarrollar en este septenio. Toda la impaciencia generada desde el elemento desiderativo y que invade la sexualidad encuentra cauce a través del Arte, que necesita paciencia para ejercitarse y madurez para expresarse a través del elemento científico. Ello permite que a esa edad, en la que el juicio intelectual es más fuerte que nunca, aprendan a domesticarlo a través de la paciente espera y de la madurez que permite transformar un límite en frontera. Y ahí nos encontramos en Capricornio: la confrontación del pensar con el mundo. Pero transformar un límite en una frontera no se puede hacer sin el calor nuevo generado en Cáncer, calor que permite la madurez de Géminis, que a su vez permite la dirección en la acción de Leo, para encontrar el momento oportuno en la acción fruto de la luz que ilumina la voluntad, y, por lo tanto, ilumina la oscuridad. Ilumina el tiempo. Con la compasión podemos trabajar las direcciones de la acción, y al final nos encontramos con
la libertad. ¿Hacia dónde? ¿Por dónde?, etc. A partir de poder vivir el padecimiento de otro y vivir su sufrimiento, puedo ponerme en su lugar, ser altruista, virtud de Cáncer, que conlleva ponerme en lugar del otro en su pensar, sentir y voluntad. Ello me permite la ecuanimidad, virtud de Tauro, y encontrar desde la paciencia lo que es el progreso. Saber progresar.
La impaciencia desiderativa transformada en paciente escucha permite la catarsis (Cáncer) o purificación de mi cuerpo astral, con la consiguiente transformación y unión de la vitalidad con el pensar. De ahí que cuando yo compadezco y me pongo en lugar del otro en su pensar, sentir y querer, puedo hablar lo que el otro dice en mí, y esto es la ecuanimidad, virtud de Tauro, cuyo ejercicio me permite percibir el sentido del pensamiento ajeno. Esta virtud me permite captar la totalidad de lo que sucede, el fluir de las cosas y el momento propicio, y ahí puedo darme cuenta del relativismo del momento, evito juzgar puntualmente los sucesos en el tiempo, puedo sopesar, ejercer el sopesar espiritual que me permite no hacer juicios absolutos en momentos puntuales del tiempo que transcurre, sabiendo que las cosas pueden cambiar y, por lo tanto, equilibrar en esta balanza la experiencia que estoy viviendo.
En el momento en que este calor puro incide en el corazón y éste recibe el calor, se transforma en un órgano que emite luz, que ilumina la epífisis, la cual a su vez convierte el órgano visual en IMAGINACIÓN. Los colores se transforman en imágenes de una realidad suprasensible porque he creado una mirada virginal que virginaliza el mundo a través del tacto con que mis ojos tocan el mundo exterior. Este nuevo tacto es una característica de Virgo, en el cual la mirada se transforma en tacto del corazón, tacto que se origina en la transformación del límite en frontera. Y así, el sentido del tacto de Piscis, que percibe siempre los contornos delimitados y a través del juicio, capta las cualidades que tienen que ver con el mundo que se expresa, por ejemplo, en ese verde oscuro y manchado del Heliotropo, que se transforma a través de las manchas rojas de óxido de hierro y cuya génesis permite el alumbramiento de la generosidad. Generosidad que se origina en la aceptación del límite, sabiendo que la verdadera imagen de mí mismo en mi devenir y en mi futuro solamente me la da la metamorfosis del límite del pasado en frontera, que permite el paso y la percepción del otro lado. Ahí aprendo que todo sinsentido tiene un sentido. Es decir, aprendo a ser generoso con el sinsentido, y, al hacerlo, al averiguar, al buscar, al investigar el sinsentido, transformo la generosidad en AMOR. Todas estas virtudes, a través de la paciencia, me permiten interiorizar la entrega de otro ser, la entrega de sus propias cualidades; me permite devocionar, venerar; venerar a las entidades espirituales, venerar al Yo del otro, venerar a los seres elementales, y, a partir de ese proceso, me surge el impulso de sacrificar, es decir, de entregarme. Y así puedo comprender cómo Aries, que forma la cabeza, y, desde ella, todo el cuerpo humano en descenso hasta los pies, ilumina este camino descendente con la devoción y el sacrificio. Pero al llegar a los pies aparece la inversión, la inversión del trabajo del hombre hacia los dioses. Los seres espirituales tienen su esfera de actuación hasta el hombre, que para ellos representa un límite, a partir del cual la esfera actúa hacia al interior, es decir, del hombre a los dioses. Así, el hombre, como inversión del camino descendente, inicia el camino ascendente desde Piscis. Todo lo que ha sido devoción y entrega lo transforma en generosidad interiorizando el mal, y, al hacerlo, transforma la generosidad en AMOR.