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JUICIO SINTÉTICO
UN EJEMPLO Y ALGUNAS CONSIDERACIONES



Trabajo con un lápiz. Observo y describo en juicios analíticos, es decir, juicios del pensar ligados a la experiencia sensoria: El lápiz tiene una forma prismática hexagonal, que termina en un cono redondeado en cuyo extremo se aprecia la punta de grafito y arcilla…etc. Me detengo en una descripción muy detenida de la mina y , al cabo de un rato haciendo esto, vivo un proceso de comprensión respecto a la mina. De la observación descriptiva misma, de todos los brillos, color, dureza etc., se forma interiormente el concepto de mineral; “esta substancia, solo puede pertenecer al reino mineral”. Con la madera del lápiz vivo un proceso similar y comprendo como esa sustancia solo puede pertenecer al reino de lo vegetal. Estos, mineral, vegetal, son juicios sintéticos, que recogen toda una serie de elementos del objeto que en principio se hallaban sin relacionar. ¿Cómo se forma este juicio en el alma, esa comprensión?

Entiendo que hay un hueco entre esa descripción exterior y ese giro hacia lo interior en el que aparece el juicio. Mirando el proceso con cuidado observo los juicios analíticos, prestando atención a su contenido (negro, brillos, estructura simétrica, dureza, frialdad, opacidad, cambio de aspecto según el tipo de luz…etc.). En esa atención nace un sentir de ese contenido, de lo que ello es, y así, al llevar la atención amorosa al contenido de la observación descriptiva externa, eso que es exterior va transformándose en interior. Sucede entonces que estos conceptos fríos del intelecto van, al moverse, creando la majestuosidad. El grafito tiene algo de majestuoso que yo solo puedo ver si me acerco devocionálmente a su aspecto puramente externo. La majestuosidad, que es una cualidad interior, queda así revelada. Es una cualidad interior digo y sin embargo, no es una opinión mía nacida de simpatía y antipatía desiderativas, sino que pertenece a la sustancia. Aparece en mí y está fuera de mí. Yo observo las relaciones del pensar, soy un cáliz donde se vierte, pero esas relaciones existen por si mismas, son independientes de mi aunque solo puedan manifestarse en mi conciencia.

Cómo apareció la majestuosidad, así van apareciendo conceptos cada vez más extracorpóreos hasta que llegamos al juicio “mineral”. Este, los engloba a todos. Por tanto, vemos que ese juicio sintético sucede fuera de la materia física, no pertenece a esta sino que aparece cuando ya nada queda de esta. Es un ir penetrando en lo no matérico hasta que se forma el juicio, de modo no ligado a la corporalidad, mediante un proceso de unión de mi ser con la cosa. Los juicios inmediatos de simpatía y antipatía, se ligan al elemento desiderativo de la corporalidad. Sin embargo este tipo de juicios están libres de elemento desiderativo porque suceden fuera del cuerpo y a su vez, tienen la cualidad de actuar sobre el propio cuerpo y liberarlo del elemento desiderativo caído que lo encadena.

El juicio sintético se manifiesta físicamente partido en la materia, como juicios analíticos, pero en su unidad, nada tiene que ver con esta, el juicio sintético no pertenece al reino de la materia física sino al del pensar puro. Estando este juicio fuera de todo cuerpo, he de reconocer que para captarlo, yo he de poder estar también fuera de toda corporalidad física; he de poder penetrar en esa región fuera de la corporalidad física y tener ahí una experiencia del juicio.

Por eso Kant afirmó que el juicio sintético estaba fuera de la experiencia aunque la determine a toda ella (la crea al fin y al cabo, el pensar crea los elementos perceptivos) porque el sólo reconocía como válida la experiencia de lo sensorial, de lo físico, y solo conocía el pensar ligado a la corporalidad. sin reconocer la experiencia pura del pensar. Así dedujo que la proposición “esta substancia pertenece al reino mineral” de la ciencia natural, no podía pertenecer a la experiencia. Y así es, no pertenece al tipo de experiencia que Kant contemplo, sino a la experiencia pura del pensamiento que, tomando pie en la materia, se sostiene fuera de toda materialidad física. Pensar como tal es una actividad que no tiene lugar dentro del cuerpo físico y es así, desde este pensar no ligado al cuerpo, que generamos los juicios sintéticos. Por eso el pensar es autosuficiente y libre, porque no se liga a la necesidad desiderativa del cuerpo caído.

Pero aún latía en el proceso otra pregunta y se planteaba del siguiente modo: Bien, el pensar vivo no se liga al cuerpo sino que es una experiencia espiritual, ahí veo la actividad de mi espíritu. Pero, si yo nunca hubiera observado un mineral tanto en su forma y cualidades físicas, como en lo que se despierta en mi alma al contemplarlo ¿podría yo reconocerlo en la experiencia del pensar, saber de su existencia? ¿Puedo acercarme a la existencia espiritual del concepto mineral sin conocer su cuerpo físico?

Ciertamente en el proceso realizado lo que sucede es que, en todos esos conceptos, bien sean más interiores o más exteriores, yo reconozco la cualidad mineral. Y la reconozco porque ya la he vivenciado como experiencia, porque en varias ocasiones he observado el cuerpo mineral. De todas esas experiencias sensoriales permanece lo que yo he podido unirle de experiencia conceptual y es esta experiencia conceptual (creada a través del estímulo externo sensible) la que permanece eterna en mí y emerge de nuevo a confirmarse en una nueva forma cuando observo otro cuerpo mineral. Los cuerpos minerales pueden ser diferentes, la situación y el tiempo también, pero lo que yo he comprendido como experiencia del pensar no perece pues contiene todo lo que en el mineral (que un día perderá su cuerpo) es eterno, es extracorpóreo. Sus propias cualidades físicas, su brillo, su estructura, tienen una cara interior que no pertenece al mundo físico y es esto lo que mi pensar reconoce la ver lo físico: su interior oculto.

Por tanto, mi experiencia sensorial va educando mi pensar y sería para mi muy difícil (de hecho, sigo aún sin saber si sería posible) reconocer concepto vivo del mineral si no lo he vivenciado en su aspecto interior a partir del portal de los sentidos.

Marta Garbayo. J 17/I / 2008.


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